Silicon Beach: Miami ataca de nuevo

1872024Un grupo de emprendedores, entre los que hay varios argentinos, está trabajando junto a inversores y el gobierno local para que Miami se transforme en la ciudad que atraiga a lasstartups latinoamericanas que quieran hacer pie en el mercado estadounidense. Como en tantos otros aspectos, Miami quiere ser también la puerta de entrada de los negocios latinos de internet a Estados Unidos. “Nuestro proyecto es convertir a Miami, dentro de cinco a diez años, en un ecosistema diversificado que hoy no es grande, pero que tiene todo para serlo”, dice Demian Bellumio, un argentino que emprende en Miami desde hace más de veinte años.

Este objetivo viene a resolver un problema hasta ahora insalvable tanto para los inversores estadounidenses como para los emprendedores latinos. A los primeros les cuesta el ecosistema latino, que, por su idiosincrasia y la distancia física y cultural, les resulta lejano y les provoca desconfianza. “Hay un puente roto entre Silicon Valley y América Latina”, dice Demian Bellumio,fundador del ecosistema de emprendedores argentinos Palermo Valley y actualmente al frente de FoundersLatam, una empresa que detecta y entrena emprendedores y startupsen compañías de alcance global.

Entonces, un ecosistema en Miami les aseguraría a los inversores participar de negocios con reglas de juego claras y que ellos ya conocen.“Miami, al mismo tiempo que tiene una cultura cosmopolita, tiene las seguridades y la institucionalidad norteamericana”, explica Marco Giberti, emprendedor y angel investor con más de veinte años de experiencia en compañías de medios de comunicación, internet y marketing directo. Por su parte, a los emprendedores latinos les permitiría superar la fase dos de toda reunión con inversores: igual que en las citas, ellos quieren que los vuelvan a llamar. “Es bastante fácil reunirse con inversores de Silicon Valley, pero las chances de prosperar son muy bajas. El 90% de los inversores de Silicon Valley invierte en Silicon Valley”,dice Demian. Ese es el círculo vicioso que quiere romper el plan Silicon Beach.

La idea es mucho más que una suma de buenas intenciones: hay capitales privados sosteniéndola y una estrategia amplia por parte del gobierno local, que busca hacer de Miami una ciudad atractiva cultural y tributariamente para los jóvenes techies de todo el mundo. Miami está ofreciendo exenciones impositivas que, junto con un costo de vida históricamente menor que el de otras ciudades de Estados Unidos, hace que emprender allí llegue a ser entre 30 y 50% más barato que en San Francisco o Nueva York. 

Pero Miami tiene algunas otras ventajas sobre el resto de Estados Unidos. Es diversa, bilingüe y acogedora para todo tipo de inmigrantes, no solo los latinos. De hecho, el plan de esta nuevaSilicon Beach incluye a emprendedores europeos que quieran hacer pie en Estados Unidos. A esto, la ciudad le está sumando el atractivo de contar con una masa crítica de jóvenes universitarios que responden a la demanda de puestos de trabajo que requerirá la llegada de un nuevo sector a la ciudad. “En San Francisco es muy difícil retener talentos. O se los lleva otra compañía o se van a fundar una empresa propia. En Miami hay una cultura joven de querer participar del nacimiento de algo grande, y será más fácil retenerlos”, dice Marco Giberti.

A esto, el gobierno local le está sumando una participación activa en el negocio de internet, a través de Venture Hive, una aceleradora impulsada y financiada por la Miami Downtown Development Authority. En Venture Hive está Fernando Cuscusela, que después de emprender en Buenos Aires su empresa Everypost, una aplicación móvil para gestionar contenido de redes sociales desde un único lugar, se fue a Miami. Everypost fue elegida por el gobierno local entre otras veinte empresas de todo el mundo, entre ellas tres argentinas. Recibieron veinticinco mil dólares y oficinas en la ciudad. “A cambio de nada”, dice Fernando, que rescata que en Florida hay menos competencia y por lo tanto más posibilidad de que los inversores se fijen en su proyecto. “Lo bueno es que se puede emprender desde Miami sin necesidad de desarrollar en la ciudad. Muchas empresas siguen desarrollando en sus países, y en Miami organizan su fuerza de ventas”, cuenta Demian Bellumio.

No es la primera vez que se habla de Miami como la Silicon Beach. También tuvo su momento de ciudad tecnológica en los tempranos noventa, cuando prácticamente todas las puntocom de América Latina, principalmente de la Argentina, que fue el país que más aprovechó el negocio de las primeras páginas de internet, montaron sus operaciones desde las oficinas en Miami. Lo de operaciones era claramente un eufemismo, porque casi ninguna tenía algo para vender, salvo a sí mismas. Todas las puntocom latinas, incluso las que trascendieron, como MercadoLibre, Despegar, Patagon -el primer banco online, fundado por Wenceslao Casares-, DeRemate, o GauchoNet -la primera empresa de internet argentina vendida a una multinacional (Terra, la empresa de internet del grupo Telefónica)-, se instalaron en Miami, que se ganó por entonces el apodo de Silicon Beach y amenazó con competir conSilicon Valley como centro de innovación en tecnología, un lugar que en la actualidad, veinticinco años después, quiere recuperar.

Aquella Silicon Beach murió en los 2000, cuando la lógica del mercado, que dice que no se puede invertir dinero en algo que no genera, no ya ganancias, sino ingresos, reventó la burbuja de internet y con ella arrastró a la mayoría de los emprendimientos regionales. Aquella explosión se llevó puestos a los incipientes ecosistemas de emprendedores, que tuvieron que empezar a vivir con lo propio y a hacer muchos esfuerzos para que los grandes inversores, que habían aprendido la lección y desde entonces se dedicaron a alimentar casi exclusivamente a empresas de Silicon Valley-o, más recientemente Nueva York o San Francisco, ciudades que en los últimos años parieron empresas como Google, Facebook o Twitter-, desviaran cinco segundos su mirada a un negocio llegado desde el sur del río Colorado.

Mientras tanto, desde mediados de 2000 fueron creciendo en América Latina pequeños centros de innovación, como San Pablo, Santiago, Buenos Aires, Bogotá y México DF, que incuban y hacen crecer, con limitaciones de acceso al dinero, a las nuevas empresas de internet latinoamericanas. El problema de estos ecosistemas es que su propia industria de tecnología es demasiado pequeña: el único que es verdaderamente grande, San Pablo, está más preocupado en generar empresas para el mercado brasileño que compañías globales que dominen la región.

Miami, mientras tanto, se dedicó a otra cosa, fundamentalmente a atraer turistas, a alimentar el negocio de los cruceros y a tentar a estadounidenses que quieran vivir en ella. “Hace veinte años Miami era un centro de retirados, en los noventa se puso más high tech y hace cinco o seis años está teniendo un salto cultural que hace que esté dejando de ser solo un centro de vacaciones. Y esa movida cultural está atrayendo gente joven”, dice Demian, que en Miami fundó empresas que levantaron 200 millones de dólares. Para romper con aquella idea de que hacer base en Miami sólo es útil para levantar capital, pero que no sirve como estrategia para desarrollar el negocio, Demian asegura que cualquier empresa de tecnología que quiere hacerse fuerte en Estados Unidos necesita presencia en tres ciudades: San Francisco, Nueva York y Miami.

Un ejemplo es Open English, la empresa de internet para aprender inglés, que se instaló en Miami y desde allí levantó más de 100 millones de dólares de inversiones, y anunció que se hará pública (es decir, cotizará en la bolsa de empresas electrónicas Nasdaq) en unos meses más. La otra llegada importante es la de Endeavor, la fundación que impulsa el emprendedorismo, y que abrió hace pocos meses en Miami su primera oficina en Estados Unidos. La presencia de Endeavor es, al menos para los latinoamericanos, la señal de que hay un clima de negocios propicio para crear y hacer crecer empresas, y para los inversores es el sello de garantía de que hay una masa crítica de emprendedores que los obligue a prestarles atención. Detrás de su llegada a Miami está la Knight Foundation, creada por una familia que tenía una cadena de periódicos en veinte ciudades de Estados Unidos y que, luego de vender el negocio de los medios, se dedica a invertir en innovación en las ciudades donde tenía sus diarios. Tiene 200 millones de dólares por año para invertir, y Miami es su startup city. 

Fue la Knight Foundation la que llevó a Endeavor y la que financia los eventos tech que organiza Mia Collective, la empresa de Bellumio y Giberti, entre otros. El epicentro de este incipiente ecosistema es Wynwood, un distrito al norte del centro de Miami que se está convirtiendo en el área cool de la ciudad, una suerte de Brooklyn, donde se está invirtiendo en oferta cultural. “Miami no va a ser San Francisco ni tampoco queremos que lo sea. San Francisco es aburrida como ciudad”, dice Demian.

Los impulsores de este plan saben que la receta del éxito es atraer a empresarios talentosos de una región emergente y mezclarlos con el sistema financiero de Estados Unidos. Al mismo tiempo, debe tener una “nave nodriza”, como Google en Silicon Valley, Microsoft en Seattle y Dell en Austin, que impulse la innovación local. Quizá la desarrolle o quizá la importe de América Latina.

Por Sebastián Zírpolo | @Se_Bass

 

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